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Grúas Usabiaga en el Puente de San Juan

Una maniobra suave y a la vista, relativamente sencilla, repetida en siete ocasiones, servía para convertir en realidad el armazón del puente de San Juan. Un enlace peatonal y rodado, Polígono de la Paz, cuesta del cementerio, que ahora sí, representa una realidad tangible. Los preparativos, empezando por alisar la superficie que ha albergado a las grandes vigas de hormigón, llevaban ya un tiempo en marcha. Lo mismo que el acopio de estas moles prefabricadas de 40 metros de largo y 54 toneladas de peso.
Grúas en el puente San Juan

Grúas en el puente San Juan

Finalmente durante la madrugada de ayer martes, con todos los parabienes y autorizaciones, en convoy especial, llegaban los dos últimos largueros de cemento, con lo que a primera hora de la mañana echaba a andar la operación de montaje del bastidor de esta esperada conexión, que de nuevo se convertía en entretenido e inusual espectáculo. Atendiendo al total de la operación, cuatro grandes grúas con los colores txuri-urdin, emblema de la empresa de casa, Grúas Usabiaga, se movilizaban el lunes para facilitar el montaje de esta estructura. Dos para atender a las labores de carga en la campa preparada en el lateral de la entrada al camposanto, y dos a pie de estribo, una en cada orilla del río Oria. Labor de montaje y desmontaje de la infraestructura necesaria, que de nuevo requería mucho más tiempo que la propia operación de colocación de las mencionadas vigas.

Sirva como detalle que el traslado de los contrapesos que requerían las dos grúas apostadas a ambas márgenes del río, reclamó un trasiego, llevar y recoger de un mínimo de 25 camiones. Ayer, con todo dispuesto, una grúa de 500 toneladas, asentada justo en el inicio de la cuesta del cementerio, ejercía como dispositivo principal de la operación asistida por la ubicada en el Polígono. La mecánica de colocación en siete ocasiones fue exactamente la misma. El camión especial, un dolly, llegaba en marcha atrás desde el punto de carga junto a la entrada al cementerio. La grúa principal enganchaba la viga desde el extremo más próximo para, inmediatamente comenzar a izarla y en un giro de 90 grados situarla en el aire, en una posición muy próxima a su emplazamiento definitivo. De manera acompasada, el dolly, desprovisto del carro trasero, descendía la cuesta hasta llegar a la altura de la grúa para permitir ese giro.
Con la viga ya enfilada y sujeta en el aire por ese único extremo, un operario procedía a cambiar el amarre, extremo que ahora quedaba sujeto por la grúa auxiliar. Grúa principal que pasaba a enganchar la punta que todavía permanecía junto a la cabina del camión, que ahora ya sujeta por ambos vértices quedaba instalada en el lugar que le correspondía en el estribo. Salvo con la primera, que ejerció a modo de test, la maniobra necesitó por término medio una hora para instalar cada viga. A la 1 del mediodía quedaba colocada la cuarta.
Tras el almuerzo se reanudaba la tarea, que manteniendo el mismo esquema de funcionamiento, y medido ritmo, dejaba en su sitio para las 5.30 de la tarde, antes de lo previsto, la séptima y última viga.
Carretera abierta al tráfico
Lo que permitía comenzar inmediatamente con las labores de retirada de la maquinaria pesada, al objeto de que hoy a la mañana la carretera vuelva a estar abierta al tráfico.
Dentro de los pareceres expresados por la concurrencia, que se dio cita en el lugar durante la soleada mañana, sobresalía el de quien entendía que tal y como están las cosas, cabía esperar que una vez abierto el legendario puente al tráfico, (previsiblemente para comienzos del verano) no hubiera que pagar peaje para pasar de un lado a otro del río.
Fuente: El Diario Vasco

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