Tras 5 jornadas de transporte la gigante bobina llega a Amezketa

100 toneladas es el peso de esta descomunal pieza de acero que tiene unas dimensiones de 7,40 metros de alto por 6,20 de ancho. La pieza se utilizará para satinar y secar el papel en una empresa papelera de Amezketa.

Bobina metálica

Bobina metálica

Además del camión que trasnportaba la bobina se han dedicado a la operación 2 camiones plumas para ir limpiando obstáculos y la potente grúa Liebherr LTM1500.

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Se trata de una descomunal pieza de acero

LLegó el día 3 al puerto de Pasajes a bordo de un mercante y que ha cruzado Gipuzkoa de norte a sur en las últimas jornadas. Todas las etapas se han hecho de noche para influir lo menos posible en el tráfico, ya que el camión que la transporta apenas puede superar la velocidad de paso de una persona. Las dos primeras etapas -Pasajes-Hernani pasando por Donostia y Hernani-Urnieta- se cubrieron sin problemas gracias a la retirada de decenas de semáforos y señales de tráfico, pero la noche del martes hubo susto.
La operación debía iniciarse a las diez en el alto de Urdaneta, en Urnieta, pero unos problemas a la hora de girar un semáforo en Andoain provocaron un retraso de una hora que no era buen presagio. Una decena de agentes de tráfico y cinco operarios de Grúas Usabiaga, la empresa que se encarga del transporte de la bobina, cerraban los últimos detalles del operativo mientras combatían el intenso frío. «Todavía nos nieva», bromeaba el responsable de Tráfico de la Ertzaintza mientras algunos de sus compañeros hacían tiempo sacándose fotos junto a la bobina, de más de siete metros de altura.

La noche anterior el paso por Urnieta había sido todo un espectáculo. «Cruzamos el pueblo y en una zona de curva la pieza pasó a un metro escaso de alguna de las casas. Era la una de la mañana, pero fue curioso ver a toda la gente en los balcones viendo cómo pasaba el convoy». Preguntado sobre si no se había producido ninguna anécdota en las jornadas anteriores, el responsable del dispositivo negaba con la cabeza y añadía: «Y mejor que no se produzca, porque en traslados como éstos las anécdotas no serían muy positivas…».
No le faltaba razón, como se pudo comprobar unos kilómetros más adelante. Tras recorrer Andoain sin ningún contratiempo y acceder a la N-I, llegaba la primera gran piedra de toque. A la altura del barrio de Baztardo, una pasarela peatonal sobre la N-I se convertía en una barrera en apariencia insalvable para el convoy. El que levantó aquella pasarela seis metros sobre el suelo nunca imaginó que un día aparecería por allí una pieza de siete metros. Pero apareció. Así que la solución era sacar el camión por la salida anterior, colocarlo al lado de la pasarela en una carretera adyacente, levantar la pieza con una grúa de gran tonelaje, pasar el camión sin carga bajo la pasarela y volver a colocar la pieza sobre él para continuar la marcha.
El plan estaba estudiado al dedillo, pero cuando se trabaja con piezas de estas dimensiones siempre pueden surgir imprevistos. Al tomar la salida de la N-I, la ‘cama’ en la que estaba sujeta la bobina entre las dos partes del camión rozó con el suelo y rompió el sistema hidráulico. El operativo no podía continuar y había que dejar el cruce de la pasarela para la noche siguiente.
Patxi Usabiaga, que seguía los trabajos en el lugar, lamentaba la avería a escasos metros de donde debía producirse el trasvase. «El desnivel de tres metros en esta salida de la N-I nos ha condenado. Si la pieza llega a ir sobre el camión no hubiera pasado nada, pero al llevar la ‘cama’ la parte de adelante ha tocado suelo y se ha roto. Es una lástima, pero la ‘cama’ era necesaria para que en el tramo Urnieta-Andoain el convoy pudiera pasar sin romper los árboles que hay a ambos lados de la carretera».
Eran cerca de las 00.30 y no había tiempo para lamentaciones. «No pasa nada, gajes del oficio, por esta noche dejaremos la pieza aquí, pero mañana a las diez de la noche estará preparada para colocarla en el camión y seguir el camino. Esto no nos va a retrasar, mañana haremos el tramo que nos quedaba hoy y el previsto para mañana. El jueves la pieza estará en Amezketa como estaba previsto», sentenció Usabiaga con determinación.
Dicho y hecho. Ayer a las diez de la noche el operativo volvía a estar al pie del cañón. La acción se hizo esperar más de tres horas, pero en cuanto los agentes dieron el visto bueno, se cortó la N-I y una grúa procedió a colocar la inmensa bobina sobre el camión, ya sin ‘cama’ porque en la N-I no hay árboles que entorpezcan la marcha. Eran las 2.00 y el convoy podía seguir su ruta. Destino, Anoeta.

¿Listón insalvable?

En la misma N-I, a la altura de Irura, Grúas Usabiaga tenía que hacer frente a otro reto gigantesco. Otra pasarela aparecía como un listón insalvable para la pieza. Esta vez la solución fue aún más atrevida: nada menos que levantar la pasarela con una grúa para permitir el paso del convoy antes de devolverla a su lugar. De ahí a Anoeta ya todo resultaría más fácil.
Esta noche, si todo va bien, llegará el final de la odisea. El camión abandonará la N-I en Ikaztegieta y retrocederá por el antiguo trazado de la propia N-I hasta Alegi. En esta localidad pasará por las calles Bideberrieta y Erberta. Al final de esta última, girará a la derecha para llegar a Amezketa y alcanzar al fin la empresa papelera.
Patxi Usabiaga, cuya empresa de grúas también se ha encargado del rescate y desguace del ‘Motxo’, comentaba que «ya es casualidad que en apenas una semana se hayan dado dos casos de este tipo en Gipuzkoa, aunque nosotros estamos acostumbrados a estos trabajos porque hemos movido bloques de hasta 800 toneladas. De todas formas, esta bobina es la mayor pieza que se ha transportado nunca por las carreteras guipuzcoanas y al final todo ha ido bastante bien».

Patxi Usabiaga, el camión y la bobina

Patxi Usabiaga


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